
Jesús amigo, ya casi termina el curso, y quiero darte las gracias. Gracias por los días buenos y también por los difíciles, por lo que aprendí, por lo que superé, y por las veces que me sostuviste cuando sentí que no podía más. Gracias por los profesores, por mis amigos, por mi familia. Gracias por tu presencia constante, aunque a veces me olvidé de ti. Hoy no vengo a pedirte mucho, sólo que me regales un corazón agradecido. Y que me sigas enseñando a valorar el esfuerzo, a vivir cada día con sentido, y a recordar que tú nunca me sueltas la mano. Gracias por tanto. Amén.