
Señor Jesús, hoy comienza una nueva semana y quiero vivirla contigo. En este final de curso, cuando el cansancio pesa y las metas parecen lejanas, dame la gracia de no rendirme, de seguir creyendo que cada esfuerzo vale la pena. Enséñame a dar lo mejor de mí, aunque nadie lo vea, aunque no me lo reconozcan. Que comprenda que ser constante es una forma de amar, y que el esfuerzo es oración cuando se hace por amor. Tú, que llevaste la cruz con fidelidad hasta el final, ayúdame a llevar las mías con paciencia. Haz que cada clase, cada examen, sea una oportunidad para crecer y acercarme más a ti. Te entrego esta semana, Señor. Hazla fecunda. Amén.